TRISTE PRIMAVERA

Esta primavera ha llegado triste. Cargada de miedo radioactivo y repleta de escombros, dolor y pocas ganas de agradar.
Uno abre los periódicos y todo parece conjurarse para que vuelva el invierno. El frío en el triste Portugal, la negra nieve en Costa de Marfil, la tormenta árabe, los mares inhóspitos que trasportan hormigueros humanos a la isla de Lampedusa,…
Engullida por páginas de sufrimiento siento la tentación de dejarme llevar. Alzo la vista y no acierto a disfrutar del cómodo sofá donde me siento a leer ni del café que acompaña mi lectura, tan amargo que apenas noto el azúcar.
Escucho las noticias. Guerra en Libia. Un dictador salvaje que terminará saliéndose con la suya. Unos salvamundos indecisos que hablan con misiles en vez de armarse con política. Es lo que tiene el dinero, que hace más difícil reconocer a los asesinos cuando son ricos. Por eso no termino de cerrar mis oídos para disfrutar con mis hijos. Ni me paro a cobijarles un rato, antes de que salgan a ese mundo que no hemos sabido prepararles.
Pongo la tele y veo cifras. Más paro, menos dinero, más preocupaciones, menos alegría, más broncas, menos confianza… hay tanta gresca que no sé si tengo más miedo de que tantas barbaridades sean verdad o de que, si son calumnias, sigan circulando impunemente, porque, entonces, terminaremos no sabiendo en qué podemos creer. Y todavía intento que me quede un rato, y un par de euros, para salir con mis amigos, contemplando lo viejos que nos vamos haciendo y lo jóvenes que aun creemos ser. Y hasta me río sin ganas de nuestros chistes de siempre, los que ya los sabemos de memoria, porque uno necesita certezas a las que aferrarse.
Me cuentan de un chico que ha entrado en un colegio y se ha liado a tiros con los niños, Quería suicidarse y lo ha hecho a lo bestia. Ha matado a once. Tendría alergia a la vida. O la encontró poco interesante.
Veo tanta letra en blanco y negro, tanta tele en gris y tanta noticia en sepia que, si aún puedo levantar la vista, tardo un rato en enfocar las flores, los pájaros y los niños vestidos de colores. Con tanta pena casi se me ciega la alegría. Casi se me pone el alma daltónica. Con tanta tristeza apenas me había dado cuenta de que, a pesar de todo, ya es primavera.
(Artículo publicado en el Diario Hoy el 11 de abril de 2011) ANA ZAFRA
