DOMINGOS TARDE
Aunque servidora nunca ha sido futbolera, lleva el futbol asociado a su más temprana memoria. Como aquellas tardes de domingo infantiles observando parejas que, paseando o sentados en un banco, repetían los mismos ademanes. Ella hablaba sin parar y él asentía solícito. Tan entrañable imagen, modelo de amor y entendimiento, de repente se veía quebrantada por un grito emocionado y delator: “gooool”. Entonces, fijándote, detectabas en la mano del chico un inevitable transistor pegado a la oreja -en tiempos de Pirri y Amancio nadie tenía auriculares. Aquello, que podía parecer un discurrir de dos soledades acompañándose, era una muestra perfecta del cariño de la época: él se resignaba a pasear un domingo y ella a no ser escuchada. Muchos matrimonios han seguido así toda la vida y se consideran felices.
Pero dejémonos de filosofías y hablemos de futbol. Porque esta espiral de cambios y reverencias al interés del dinero ha conseguido que la vuelta a casa del fin de semana no sea lo mismo. Primero porque algunos clubes han cambiado el horario para jugar, por ejemplo, a las doce del mediodía. Y no por nosotros. Es para que el público chino, pueda ver, en China claro, a sus ídolos mientras cenan. ¿Acaso han cambiado ellos los rollitos primavera por butifarra para cenar viendo al Barsa? Entonces ¿por qué cambiar nuestros domingos? Claro que lo del transistor tampoco es igual. Ahora las radios ya no pueden retrasmitir desde los estadios (a menos que paguen, claro) lo que ha dado lugar a que algunos periodistas se vistan de espías, o de chinos, para poder colarse en los campos.
Supuestamente, la afición al futbol sirve para incentivar el deporte y entretener a quienes no pueden pagarse lujos mayores. Menos mal que los equipos humildes aún practican el futbol-deporte porque, si la entrada a un partido, del Real Madrid por ejemplo, cuesta como mínimo cuarenta euros ¿qué familia puede permitirse ir al campo en los tiempos que corren? Y si, además, sólo lo retransmiten de pago y vetan a las radios, entonces ¿qué valores está realmente fomentando el futbol-espectáculo de los mega equipos?
Consuélense. Para compensar, han florecido los programas de corazón-sport dedicados, fundamentalmente, a analizar las declaraciones, cotilleos, líos y piques entre jugadores o entrenadores. Así, si no podemos comentar los lunes los pases de Ronaldo podemos, por lo menos, triunfar imitando a Mourinho. ¿De qué, si no, íbamos a hablar en el trabajo?
(Artículo publicado en el Diario Hoy el 12 de diciembre de 2011) ANA ZAFRA
